sábado, 22 de julio de 2017

Puntazo (Relato)

Había perdido la cuenta del número de veces que había estado en esa situación. No era el momento pero sacar el móvil y mirar en Wikipedia parecía la mejor opción. O preguntarle a alguno de esos frikis de las bases de datos de deportes que con una simple consulta te podía decir cuántas veces habías estado 0-40, tres bolas de partido a favor para acabar ganando el juego en blanco.

El movimiento del recogepelotas alargando la mano para recibir la toalla le devolvió al partido. Se colocó dispuesto a esperar el saque más potente de su rival, quince años más joven. ¡Zumm .... Ploopp! la primera bola a la red. Esto estaba ganado ... casi ganado. Había que jugar al menos una bola más. Haría todo lo posible para que fuera como máximo una bola más.

¡Zumm! ... la pelota pasó la red y botó incómoda en el otro lado de la pista en un movimiento que se repetiría durante los diecisiete próximos golpes. Una dejada, un globo, un potente derechazo a la línea ... estaba moviendo a aquel chaval como quería, cada golpe era casi el definitivo pero el brillo en los ojos del chaval era revelador: de caer, sería exhausto, no por voluntad propia. El punto, magnífico, se antojaba el colofón ideal para un partido casi perfecto, sin apenas fallos.

De caer, lo haría exhausto, y casi lo estaba. Percibió en él que estaba en el límite, un golpe más y ya no llegaría. Solo había que ajustar bien el golpe: ¡Ploopp! ... pero no tanto. 15-40, dos bolas de partido y un rival casi exhausto al saque. Había que jugar al menos una bola más. Haría todo lo posible para que fuera como máximo una bola más.

Un saludo, Domingo.

¿Qué hacer en vacaciones?

La próxima semana será mi última semana antes de las vacaciones. No hay nada planeado ni sé qué me dará tiempo a planear; posiblemente no mucho pero a diferencia de otros años, quizás este no importe. Este año podré disfrutar de unas vacaciones más largas y el propio período de descanso servirá para revisar posibilidades, pequeños viajes de un día, vacaciones de fin de semana y última hora, estar con familiares, amigos ... lo que otras veces no se ha podido hacer.

Lo que sí es seguro que podré hacer es descansar de la rutina diaria en beneficio de otros tipos de rutina. Por ejemplo, regar a diario, recoger estiércol perruno a diario, mejorar mis habilidades como jardinero y ahorrarme de paso la cuota de un gimnasio. He de encontrar también algo que sustituya las carreras de la semana. Quizás pasear con los perros. El objetivo será que, tras descanso y deporte, pueda volver al trabajo rozando el peso más bajo del que he disfrutado en los últimos años. Y, a ser posible, rebajarlo durante el otoño.

Espero también poder mantener la frecuencia, ahora mismo tan escasa como saludable de uno a la semana, de los partidos de pádel. E incluso, valoraría dar clases si las hay cerca de casa. Luego hay otras cosas que imagino que no variarán mucho, el partido de los sábados, por ejemplo. O por ejemplo también la donación de sangre. A principios de agosto me tocaría la siguiente pero teniendo en cuenta que tendrán horario especial, habrá que ver cuándo puede ser.

Todas estas cosas irán tomando forma durante la próxima semana y las siguientes. Todas estas cosas formarán parte del pasado en un par de meses. ¿Qué haré en vacaciones? No hay prisa en saberlo, ya lo sabré.

Un saludo, Domingo.

sábado, 15 de julio de 2017

Tenía 20 años

... hace 20 años y recuerdo varias cosas de aquella época. Curiosamente no recuerdo mucho de lo que se supone que debería ser más importante y lo que más tiempo me ocupaba: la universidad. Haciendo las cuentas me sale que había terminado tercero y recuerdo cosas evidentes como las asignaturas, las notas, el problema del gusano ... :-), pero incluso algunas de esas cosas evidentes han perdido ya detalle. ¿Saqué matrícula de honor en Física o no? ¿Cómo de malos habían sido mis notas para ir a Junio con los dos parciales de Análisis III? (En Análisis II iba con todo pero la media de los 4 exámenes anteriores era casi de 5). En cambio, sí recuerdo con claridad dos eventos aunque las fechas exactas las tenga que consultar.

El primero de ellos es la primera donación de sangre. Según el carnet, fue el uno de Julio. Es decir, nada más acabados los exámenes, decidí no postergar más lo que había sido una extrañamente poderosa convicción desde que era niño: sería donante de sangre. Recuerdo que doné sangre en Carlos Haya y que al acabar me dieron un ticket para ir a la cafetería a tomar algo. Uno o dos años después ya cerrarían y se instalarían definitivamente en el Hospital Civil.

El segundo, al igual que a media España, el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco Garrido. Todo el mundo recuerda dónde estaba, qué hacía en lo que esta semana llamaban en la radio "el día de Ermua que duró 100 horas". En mi caso, no recuerdo dónde estaba el día del secuestro. Sí que recuerdo el haberme emocionado con las liberaciones que habían tenido lugar un par de días antes. Más de 500 días secuestrado, ¡madre mía!. Y recuerdo que el sábado en el que se cumplían las 48 horas del ultimátum, fui a jugar al fútbol por la mañana. Más o menos como hoy, pero con 20 kilos más y 20 años menos. Y sin problemas de tendinitis :-). Llegué a casa y como todos, estuve pegado a la televisión rezando de forma laica por que nada pasara o que al menos los servicios de inteligencia los pudieran localizar a tiempo.

Soy de lágrima fácil y no será una sorpresa saber que aquella no fue una excepción. Pensaba en una persona joven, ocho años mayor que yo y todavía menor de treinta. Que, tras dos impactos de bala en la cabeza pudiera vivir y permitir a su familia una última despedida me pareció casi un milagro aunque el milagro que deseaba era que pudiera burlar a la muerte y ese milagro no pudo materializarse.

Del funeral recuerdo solo un par de detalles. Creo recordar que la familia salió al balcón del ayuntamiento a agradecer a los vecinos su apoyo y lo que sí recuerdo seguro es que llevaban (¿su novia quizás?) las baquetas de la batería que tocaba junto a su grupo amateur de música: Póker.

Hoy en día, todavía lo pienso y se me parte el alma: ¡Cuántas personas destrozadas! 
Y sin el mismo efecto pues Miguel Ángel Blanco no es solo una víctima de ETA, es un símbolo involuntario de muchas cosas buenas que vinieron a causa de una pésima, sin el mismo efecto, igual para las otras más de novecientas víctimas. Y todavía podemos darnos por satisfechos con el millar de víctimas si los comparamos con los millones de otros grupos terroristas. Pero estas víctimas nos tocan de cerca. Es triste pero es así.

El único consuelo, igual que tras Miguel Ángel ETA todavía mató a más de sesenta personas antes de anunciar que dejaban de matar, ojalá dentro de 20 años la situación en el mundo sea mejor, no haya asesinos fanáticos, grupos terroristas, violadores de la escalera ... sé que no será el caso, va en contra de una parte de la esencia humana y hasta de la naturaleza, pero ... !Ojalá¡.

Un saludo, Domingo.

sábado, 1 de julio de 2017

¿Por qué es tan difícil?

Estaremos de acuerdo en que todo es relativo y que cada uno pondrá su listón a una altura que le parezca razonable para sí mismo. Sin embargo me da la sensación de que todo el mundo estará de acuerdo en que es muy difícil dar con auténticos profesionales, profesionales integrales, cuando no simplemente buenos profesionales. Por ejemplo, un pintor puede ser muy buen pintor pero si tienes que recordarle tres veces que pinte aquí o allá, para mí no es un auténtico profesional.

De igual forma, en más casos de los que me gustaría (por no decir todos) cualquier trámite con una compañía implica en que básicamente o estás detrás o las cosas no se mueven. El ojo del propietario engorda al ganado, dice el refrán. Es cierto y lo es por algún motivo. La pregunta que me surge y que en cierta forma se infiere del refrán es ¿por qué el ojo del no propietario normalmente no lo hace?

Un caso, no sé si extremo, pero que me han confirmado diferentes fuentes como común en los últimos años: Cuando compras una casa, el banco te impide hacerte cargo de los "papeleos". Te asigna una gestoría y tienes que tragar y si no quieres, pues te vas a otro banco. Detrás está la venta de todo ese negocio a empresas que incluso en algún caso puede que trabajen para ellos. Por otro lado, los notarios tienen la obligación de advertir que el pago de impuestos es de tal o cual manera. Por último, la administración no te dice en el momento si el cálculo es correcto, espera a revisar todo el expediente y tiene hasta cuatro años para hacerlo.

Pues bien, parece ser que en muchos de los casos la gestoría calculó mal el pago de impuestos y el notario no recordó durante el acto cómo debería ser. Así pues, un "profesional" se hace cargo de presentar la autoliquidación de impuestos y unos años después tienes una desagradable sorpresa. No solo tienes que pagar una diferencia que pensabas inexistente sino que además te cobran intereses de demora. ¿Tan difícil es hacer las cosas bien?. Ya lo decía mi madre, cuesta el mismo trabajo hacer las cosas mal y hacerlas bien. ¿Por qué decidimos hacerlas mal?.

Al menos, según la OCU puedes reclamar a la gestoría los intereses de demora. Eso sí, seguro que el proceso de reclamación también es largo y tortuoso. Con lo fácil que sería hacer las cosas bien desde el principio.

Un saludo, Domingo.

Estuvo allí

El miércoles 21 de junio se entregaron los premios a los donantes de sangre que el año pasado superaron las 40 donaciones ó 50 donaciones, dependiendo de si el premiado era mujer u hombre (las mujeres pueden donar menos veces al año pues no en vano cada mes tienen su propia donación particular) y también a cualquiera que superara las 100 donaciones (curiosamente para las 100 no hay distinción entre hombres y mujeres).

La opinión de Málaga publicó un breve artículo al día siguiente. No nombra el artículo dos de las cosas que allí ocurrieron que más me concernían.

La primera es que al evento asistieron no solo los homenajeados y un par de políticos que nos dirigieron unas palabras muy amables (pero que o no eran donantes o donan sangre en la intimidad). También fueron premiados una serie de colaboradores sin los cuales la donación posiblemente se seguiría realizando, pero no de forma tan efectiva. También asistieron algunos participantes malagueños de los juegos mundiales de trasplantados que se celebrará en Málaga este año. Y por último, asistimos personas que ya fuimos premiados en su momento por un hecho similar y que, como agradecimiento, somos invitados cada año a devolver el cariño que nos dispensaron los que estaban en nuestro lugar cuando éramos nosotros los que estábamos en el de los premiados.

Llegué tarde y sentí lo que siente el que entra a la sala de cine con la película recién empezada, buscando torpemente algún sitio libre en el que sentarse mientras los demás esperan paciente y educadamente intentando esquivar con algún tímido movimiento de cabeza el obstáculo que se interpone entre sus ojos y la pantalla. Solo que en esta ocasión no era pantalla, estaba actuando Encarni Navarro, hermana de Diana Navarro y me aventuro a decir que la enésima contribución de Campillos a la donación de sangre. Debo reconocer que yo no la conocía. Unos diez años antes, conocía poco a su hermana cuando esta actuó en el homenaje al que yo asistía (por ahí deben estar las imágenes en el blog) pero al menos la conocía. Este año, el apenas ver televisión (en mi casa mi madre sí la conocía) hizo que inicialmente solo viera una artista con una gran vis cómica que, en palabras de alguien de la sala: "no tiene nada que ver con la hermana".

Tras la actuación (recogida de cables incluida), subieron al estrado las personalidades. Tras las personalidades, se fueron citando los nombres de los premiados, ordenados por lugar de residencia. Y por último subimos los "apoyos morales". El señor de Campillos sentado a nuestro lado, premiado por su labor como colaborador y con el que había hecho algunas migas, me dijo ... "no sabía que tú llevabas más de 100". Sí y esperemos que la salud acompañe para poder seguir donando mucho tiempo.

Pero, a pesar de estar allí, el acto no era ni para mí ni sobre mí. El acto era para los donantes y esta es la segunda cosa que me concernió. Durante los diferentes discursos, se mencionó el aumento de donaciones del año pasado e invariablemente el nombre de Pablo Ráez. No puedo negarlo, fue emocionante. Y todavía más emocionante fue el vídeo sobre los juegos de donantes de los cuales Pablo iba a ser el abanderado. La emoción fue mucha, contuve las lágrimas a duras penas en el sentido de que fueron más las que se quedaron que las que se escaparon pero las que se escaparon lo hicieron bien. El testimonio de un trasplantado de pulmón y otro de riñón que participarán en los juegos no hizo que disminuyera.

Si el destino hubiera sido menos cruel los dos hubiéramos estado allí. No pudo ser así. No en cuanto a presencia física. Lo que es estar, sí estuvo. Pablo estuvo allí.

Un saludo, Domingo.

sábado, 24 de junio de 2017

¡Agua va! (Relato)

Quinientos veinte cuatro, quinientos veinticinco, quinientos veintiséis ... ya solo faltan trescientos. Ochocientos veintiséis pasos desde la casa hasta la fuente. Ciento setenta y cinco más a la vuelta si se pasaba por la finca de Marcela con la esperanza de poder verla de reojo. Algunas veces lo conseguía pero, en general, había aceptado que el camino largo no era sino una pérdida de tiempo y, a veces, de agua por aquel meandro pedregoso en el que el pollino Rocinante tropezaba más veces que las que no.

Vio a lo lejos a Juan, atareado con lo suyo. Levantó la mano y lo saludó. Juan le devolvió el saludo. Era la tercera vez ese día y quedaban diez más. ¡Qué suerte tenía Juan! que vivía a escasos trescientos pasos de la fuente. ¡Y qué injusta era la vida! pues Juan tenía un pozo en la finca y no necesitaba ir a la fuente. Por tercera vez en el día perdió la cuenta de los pasos. Por tercera vez en el día no le importó porque sabía que, comenzando la bajada, solo quedarían doscientos pasos hasta la fuente.

Volvió a ponderar en su cabeza el camino a tomar para la vuelta. La última regañina de su padre por traer los cántaros semi llenos (semi vacíos decía su progenitor) le convenció de dejar la corte para el fin de semana siguiente que era fiesta en el pueblo. Empezaba la feria. Mientras pensaba en las diferentes atracciones, las almendras saladas, los juegos bestias a los que se prestaban el resto de zagales, las mil y una anécdotas de los años anteriores, llegó a la fuente. Con maquinal actitud ató el ronzal del pobre Rocinante y descargó las dos primeras cántaras. Las llenó y volvió a colocarlas en las alforjas.

Sin dejar de pensar en la feria, partió una manzana en dos, una de esas mitades en otras dos y, mientras él se comía un cuarto, compartió otro con su cuadrúpedo amigo. Dejó la otra mitad encima de la fuente, desató al noble animal y de forma automática tomó el sendero que conducía a casa de su pretendida. La media manzana quedó olvidada en la fuente donde unos pájaros no tardarían en dar buena cuenta de ella.

Cuatrocientos ochenta y uno, cuatrocientos ochenta y dos ... recordó que había decidido no tirar por el camino largo. Ya era tarde. Ya solo quedaba esperar en poder ver a Marcela y en que no se derramara el agua. La finca seguía muy tranquila. Comprendió entonces que debían haber ido al pueblo a comprar el vestido para la feria. Por eso no había tenido suerte las veces anteriores y por eso tampoco iba a tenerla esta vez. Maldijo su suerte y paró al burrito suavemente justo antes de las piedras.

Esta vez seguro que lo conseguiría. Primero esta pata aquí, luego la de atrás allí ... pero la paciencia no era la mejor virtud del equino. Con un ágil salto sorteó la mayor de las piedras.
¡Agua va!
El agua golpeando con fuerza ambos lados de ambos cántaros y, se encontró en medio, dio un salto hacia arriba y cayó luego donde momentos antes había cántaro y ahora solo alforja. Vio el agua chorrear. Le pareció que, cada gota, tardaba todo un minuto en llegar al suelo.

Un saludo, Domingo.

sábado, 17 de junio de 2017

Todo el mundo va a lo suyo

... menos yo que voy a lo mío. Me encanta esa frase. Es tan descriptiva ...

Soy muy consciente de ella y no deberían sorprenderme hechos como los que de vez en cuando me sorprenden. En este caso, gozo de una gran libertad en mi trabajo y puedo dedicar parte de mi tiempo a hacer herramientas para otros (mi equipo es bastante numeroso y variopinto) que casi nadie usa. Es un proceso curioso, de repente pienso que tal o cual cosa puede ser útil para ciertas personas y teniendo en cuenta experiencias pasadas, me limito a convertirla en realidad y comunicar que ya está disponible para quien quiera usarla.

Hay veces que la respuesta es verbalmente positiva y otros en que es simplemente nula. En cualquier caso, creo que no suelen usarlas ... al menos eso intuyo porque pasados unos meses preguntan por tal o cual cosa y digo que eso ya está disponible. Entonces se desata una histeria, bien particular, bien colectiva y me siento como si hubiera salvado una pequeña aldea gala de una apocalipsis zombi: feliz pero un tanto perplejo. ¿Qué hacen los zombis enfrentándose a Astérix y Obélix?.

El caso es que el arsenal de herramientas va tomando forma, se van interconectando y cada nueva herramienta revaloriza y a veces mejora las anteriores consiguiendo en cierta forma sobreponerse a un cierto estatus de "analysis-paralysis" general. Por supuesto, me alegro de que al final mi intuición sobre la utilidad de A ó B fuera cierta y procuro pensar en que la falta de aprecio inicial por ellas es solo porque en esta vida que vivimos, todo el mundo tiene muchas responsabilidades, muchos quehaceres y todo el mundo va a lo suyo porque difícilmente pueden atender a lo propio como para atender a lo de los demás. Todo el mundo menos yo, que voy a lo mío que es lo suyo.

Un saludo, Domingo.